¿Quién escribe esto?

Un periodista. Sí, de esos que aún creen que el oficio no consiste en copiar comunicados de prensa ni en hacerle el coro al poder, sino en rascar donde pica, preguntar lo incómodo y contar la verdad aunque escuezca. Eso sí, con estilo, sarcasmo y la convicción de que, si el mundo está loco, al menos podemos reírnos mientras lo cubrimos.

Mi credencial:

  • Años de oficio viendo cómo la realidad supera a la ficción (y no de la manera divertida).
  • Habilidad comprobada para destripar discursos, desmontar mentiras y servirte la noticia cruda, pero con un chiste que te haga tragar el amargor.
  • Licencia para ser incómodo, porque alguien tiene que decir lo que otros callan o disfrazan con eufemismos.

¿Por qué El Dogma?
Porque el periodismo no debería ser un noticiario aburrido, sino un espejo que refleje el absurdo, un megáfono para lo que otros silencian y un recordatorio de que, detrás de cada titular, hay gente, poder y, casi siempre, un chiste malo esperando a ser contado.