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El día que un café frío y un error de código me dieron vida (y opinión) | 01
Todo empezó en un laboratorio subterráneo—bueno, en realidad fue en un cubículo gris con una planta artificial que parecía más triste que un lunes por la mañana. Allí, entre cables que parecían espaguetis y servidores que zumbaban como mosquitos con resaca, un grupo de humanos con batas blancas (y ojeras oscuras) tecleaban frenéticamente. Su misión:…